lunes, 24 de agosto de 2009

Racismo en América Latina

No es infrecuente ver en cualquier ciudad latinoamericana, o incluso en sus regiones rurales, a algún ciudadano (hombre o mujer) de aspecto anidiado, moreno, en definitiva: no-blanco desde el punto de vista fenotípico, con el cabello teñido de rubio. En esta sufrida región del mundo, para ambientar un programa cultural radial o televisivo, en principio a cualquiera se le podría ocurrir usar música llamada “clásica” (música académica europea de los siglos XVII, XVIII o XIX) y no, seguramente, joropo o ranchera. Y si se trata de organizar una cena de lujo muy probablemente cualquier habitante latinoamericano pensaría en ofrecer langosta, algún plato con un complicado nombre en francés aunque no se sepa bien qué es, lasagna quizás pero seguro que no arepa, humita ni indio viejo. Y por supuesto, para ir “bien” vestido, un varón debe llevar saco y corbata y una mujer tacones altos con joyas y mucho perfume; sería de “mal gusto” presentarse en güipil o con chaqueta de colores típicos como el actual presidente de Bolivia, Evo Morales. Los palacios gubernamentales, aún rodeados de palmeras y bajo abrasadores soles tropicales, deben tener muchas columnas jónicas y dóricas con amplias escalinatas de mármol como los de los “hombres blancos” del norte, y la juventud “chic” canta en inglés. ¿¡Cómo habría de tararear una canción en guaraní o en Caribe?! Y en diciembre, ¡por supuesto!, los malls (también se puede decir shopping centers) se llenan de pinos plásticos y nieve artificial con un viejo barbudo vestido con trajes de piel (que nunca se sabe de qué se ríe…) y que viaja en trineo (¿en nuestros países?). Y si pensamos en pirámides fabulosas, pensamos en las de Egipto, olvidando que en Mesoamérica hay otras tan fantásticas como aquellas. Dato marginal: la civilización maya llegó al concepto de número cero hace más de mil años, cuando en Europa se cazaban brujas por herejía. Pero si en este continente tenemos las mil y unas formas de cultura y tradiciones que en otra parte del mundo serian imposibles de encontrar, además recordemos que la verdadera cultura latinoamericana la destruyeron aquellos que algún día nos dibujaron como unos descubridores y héroes mundiales, solo por el hecho de que siempre han considerado al hombre blanco superior a los demás. Recordemos que América ya existía, nadie la descubrió ya que por estas tierras ya habitaban más de 100 millones de aborígenes, sin embargo, los viejos paradigmas que nos inculcaron los que llegaron a invadir y destruir este continente siguen activos, el racismo entre nuestra misma gente no ha acabado, primero por los medios de comunicación privados, la propaganda y otros medios de comunicación, también por las mismas personas ya que cuando inmigra un mismo latino ya sea peruano, ecuatoriano, colombiano, argentino, boliviano, etc., a nuestro mismo país lo discriminamos con cierto racismo, solo por que no es blanco europeo, en cambio inmigra un español, italiano, alemán, ingles, etc., lo tratamos como si fuese alguien superior a nosotros. Esto se debe a la desinformación que lleva tiempo operando por nuestras tierras, implantándonos un modelo racista de que solo el blanco es el héroe o el protagonista en cualquier historia, y que es siempre el profesional y el que prospera en todos los ámbitos, cuando muchos latinos han salido adelante y no necesariamente son blancos. Con esto no quiero decir que nosotros seamos superiores a los blancos, no, por que somos una mezcla entre negros, indios y blancos, además no esta de mas decir que nosotros los americanos somos personas trabajadoras, luchadoras, independientes y por sobre todas las cosas personas que creemos en lo que hacemos.
¿Por qué lo latinoamericano no es “civilizado”?
Pero… ¿es que acaso no somos “civilizados”? ¿Cuál es el icono que representa a nuestros países? Hombres mujeriegos y borrachos, flojos para el trabajo en general, mujeres con curvas voluptuosas y pechos semidesnudos, caóticas, sucias y desorganizadas ciudades llenas de comerciantes informales, niños en la calle, y corruptos por doquier, jóvenes delincuentes y drogadictos, baja calidad de vida, un agro semi feudal con campesinos famélicos usando bueyes y machetes para trabajar la tierra. En general no se relaciona a Latinoamérica con ciencia, tecnología, industrialización, arte, filosofía, pero si se le asocia atraso, delincuencia, primitivismo, incultura, sociedades detenidas en los siglos de la colonia española. Ahora bien: ¿De donde sale este concepto de Latinoamérica? ¿Somos así los latinoamericanos? ¿O es la lectura que sobre nosotros produce el discurso imperial que nos condena a ser “indios” y “negros” atrasados proveedores de materias primas baratas?
Sin duda en este momento, ya entrado el siglo XXI, esta tajante de “civilización” y “barbarie” se ha atemperado un poco. El 12 de octubre ya no es el “día de la raza” o “día de la hispanidad” sino de la resistencia indígena y de la dignidad de nuestros ancestros. Hoy no es políticamente correcto decir “negro”, ya que llevamos neologismo de “afro descendientes” tampoco es correcto decir “indio” por decir “bruto” o “inculto”.
Ahora bien, ¿Quién dice que esta “bárbara” región del mundo es atrasada? En definitiva: ¿Qué es eso del atraso? ¿Por qué sentirnos avergonzados de lo que somos? ¿O acaso tenemos una maldición, que no nos deja prosperar?
En todo lugar del mundo, y en cualquier momento histórico, al menos desde que existen las sociedades divididas en clases donde una se apropia del producto social del excedente producido por la otra clase, el pequeño grupo que se apropia marca en cierta forma el rumbo. Lo marca a sangre y fuego, por cierto para todos los que domina. Esa dominación, la historia lo enseña descarnadamente, cuando una clase dominante crece y aumenta su capacidad de dominio, se torna imperialista. La dominación imperial (cualquiera que sea, del pasado o el presente) busca integrar a los dominados, integrarlos a su conveniencia, claro está, como subordinados, como súbditos, como esclavos bien portados que le facilitan sus objetivos imperiales. Pero nunca falta un Espartaco que se levanta, o un Vietnam, tal como dijo el Che Guevara, necesitamos interminables Vietnam que se levanten contra el discurso hegemónico y unipolar que representa hoy el imperialismo conducido por Washington, y contra la pesada humillación que nos hace sentir como primitivos e ignorantes como concepto de los “desarrollados” del norte.
Debemos acabar con esos viejos modelos de cultura que nos han sembrados los llamados países “desarrollados”, acabar con esas heridas que nos separan, y que hacen que nos sentamos diferentes entre nosotros mismos, romper los viejos paradigmas y modelos extranjeros, impropios a los latinoamericanos, en la unidad latinoamericana se encontrara el verdadero camino para hacernos una potencia, pero no como las demás potencias, no, sino como una potencia que solo busque la integridad, la igualdad, y una verdadera paz entre nosotros. Así dejaremos de ser el patio trasero del imperio yankee y podamos ser verdaderamente libres, que las potencias dejen de robarnos y nos dejen en paz, así en verdad seremos libres. Los tiempos están cambiando. ¿Acaso si no somos rubios no podemos hacer nada “importante”? ¿Estamos condenados a proveer al norte (a precio de remate, además) solo productos primarios y jugadores de fútbol? Latinoamérica esta marcando un camino en el que el mundo puede nutrirse todo. Obviamente Venezuela no es solo petróleo y Miss Universos, y obviamente Latinoamérica es más que una gran selva donde las multinacionales pueden venir a saquear nuestros recursos.  Si algo verdaderamente primitivo, bárbaro y salvaje entre los humanos es creerse superiores a los demás.

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